La construcción cultural de la menstruación
La menstruación ha sido históricamente un tabú, y todavía hoy sigue vinculada al silencio, la vergüenza y el control del cuerpo. Aunque cada mes menstrúan más de dos mil millones de personas en todo el mundo, la estigmatización de la regla continúa siendo una realidad social (1). Esta asociación no es casual: responde a una cultura patriarcal que ha interpretado los cuerpos menstruantes como algo que debe regularse y mantenerse bajo vigilancia. Como señala Beard, la debilidad se ha conectado de forma persistente con lo femenino, y ese patrón de pensamiento sigue muy presente en la sociedad actual (2).
También el lenguaje refleja ese sesgo. Muchos elementos del aparato reproductor llevan nombres masculinos, como si la anatomía de los cuerpos menstruantes hubiera sido nombrada desde una mirada ajena y dominante. En el plano audiovisual, esa misma lógica se ha repetido durante décadas: el cine y la televisión han representado la menstruación desde la monstruosidad, el miedo o la burla. Sin embargo, algunas ficciones recientes han empezado a mostrarla como una experiencia cotidiana, visible y compartida.
¿Cómo ha cambiado la representación de la menstruación en la ficción audiovisual y qué estereotipos siguen presentes? ¿Qué imágenes se han naturalizado y cuestionado? ¿Cuáles son los retos que quedan todavía por delante? Hay que realizar una lectura crítica que ayude a pensar en relatos más éticos, inclusivos y libres de estigma.
El audiovisual como testigo menstrual
Para analizar la representación de la menstruación en la ficción audiovisual, he seleccionado dos bloques de obras. Por un lado, las películas de terror del siglo XX Cat People (1942), The Exorcist (1973), Carrie (1976) y Suspiria (1977), donde la sangre menstrual se vincula con la monstruosidad y el miedo. Por otro lado, las series del siglo XXI Orange Is the New Black (2013-2019), Broad City (2014-2019), Fleabag (2016-2019) y Gen V (2023-2025), en las que la regla aparece con más humor y naturalidad.
Esta selección no es casual. En el cine clásico, la censura, el tabú y la mirada masculina convirtieron la menstruación en un recurso de horror o de “choque” visual. En cambio, las series actuales reflejan un cambio de paradigma ligado a las plataformas, al consumo por nichos y al papel del showrunner (aquella figura que toma las principales decisiones creativas), lo que permite desarrollar historias más cercanas a la experiencia vivida. En ellas, la menstruación deja de ser una anomalía y pasa a mostrarse como una realidad cotidiana, política y social.
Para estudiar este cambio se ha utilizado una metodología basada en el análisis del discurso y el close reading (método que permite diseccionar una obra audiovisual analizando todos sus elementos en cuanto al contexto, la narración, la puesta en escena y los significados). El objetivo es comprobar si la ficción audiovisual ha pasado realmente del terror patriarcal a una representación más libre y accesible del cuerpo menstruante.
Del cuerpo secuestrado al cuerpo narrado
El recorrido audiovisual muestra que la menstruación nunca ha sido un elemento neutral dentro de la ficción. La regla ha funcionado como un espacio simbólico donde se proyectan tensiones sociales, culturales y políticas. La sangre menstrual se convierte así en un recurso narrativo para hablar de control, miedo e identidad del cuerpo menstruante.
En el cine del siglo XX, la puesta en escena trataba la menstruación desde la distancia, con recursos como el fuera de campo, la iluminación dramática y la fragmentación del cuerpo. El resultado era una representación donde la fisiología quedaba subordinada al castigo o a la monstruosidad. En cambio, las series del siglo XXI integran la regla en espacios cotidianos y usan una cámara más cercana y una luz naturalista, lo que ayuda a normalizarla y a devolverle agencia a quienes menstrúan.
Esta diferencia no significa que el tabú haya desaparecido. Más bien, muestra dos tendencias: la menstruación como monstruo patriarcal en el terror clásico y como ritual naturalizado en la comedia contemporánea. Esa transformación refleja cambios industriales y culturales, pero también las resistencias que siguen vivas en torno al cuerpo menstruante.
Una normalización incompleta
El paso hacia la normalización no debe leerse como una victoria total. El monstruo no desaparece, sino que se transforma. En muchas ficciones actuales, la menstruación ya no aparece como amenaza explícita, pero sigue generando incomodidad, vergüenza o estereotipos (3). La visibilidad ha aumentado, pero convive con restos del pasado: ocultación, mercantilización y necesidad de justificar el cuerpo.
La menstruación sigue en un estado intermedio. Ha dejado de estar confinada al terror, pero todavía no está plenamente naturalizada. Por eso, la lucha por una representación ética e inclusiva sigue abierta. Mostrar la regla con más realismo no basta si no se cuestionan también los marcos simbólicos que la han convertido durante años en algo problemático.
Las formas de representar la menstruación no son casuales. Responden a una historia en la que el cuerpo que expulsa sangre ha sido asociado a la impureza, la inestabilidad, el pecado y la necesidad de control. El cine de terror ha convertido esa idea en imágenes muy eficaces: la menstruación como detonante de monstruosidad, posesión o violencia. No es solo sangre; es un cuerpo que escapa a la norma.
Discursos anatómicos
Con la llegada del siglo XXI y el avance del feminismo, empieza a abrirse un proceso de normalización menstrual. Aun así, la corporalidad de las personas menstruantes sigue siendo codificada desde dos discursos dominantes: el comercial y el médico (4). En el primero, la regla debe limpiarse y ocultarse; en el segundo, suele aparecer como un problema, un fallo o una anomalía. En ambos casos, el cuerpo queda reducido y controlado.
Este avance parcial no rompe del todo con las narrativas hegemónicas heredadas. La menstruación sigue pareciendo incómoda porque visibilizarla rompe la frontera entre lo público y lo privado, entre lo visible y lo oculto. Y precisamente en esa tensión continúa operando la ficción. Por esa razón también importa quién narra estas historias: en muchas películas dirigidas por hombres, el cuerpo menstruante aparece desde fuera, como objeto de observación.
Las series contemporáneas han abierto otro camino. La aparición de creadoras y equipos diversos ha favorecido relatos más cercanos a la experiencia vivida, con formas narrativas más íntimas y cotidianas. Este hecho permite mostrar la menstruación sin espectacularizarla y sin convertirla siempre en un conflicto extraordinario. Esa diferencia formal también es política.
Propuesta de buenas prácticas para una representación ética e inclusiva de la menstruación en el audiovisual
Ante este panorama, no basta con analizar las ficciones: también hace falta proponer formas nuevas de narrar el cuerpo menstruante. La guía presentada a continuación no pretende cerrar el debate, sino orientar una representación más ética, inclusiva y consciente, proponiendo una línea de trabajo para futuros relatos audiovisuales.
1. Evitar la vinculación entre biología y monstruosidad: La narración no debería usar procesos fisiológicos, como el ciclo menstrual o la madurez sexual, como detonantes de transformaciones animales, malignas o violentas.
2. Desvincular la biología de la culpa moral o religiosa: La menstruación no debe ser presentada como una «maldición», una prueba de pecado o una caída moral que obligue a la persona a elegir entre la inocencia infantil o la perdición adulta.
3. No usar la hiper medicalización como herramienta de sometimiento: El cuerpo menstruante no debe aparecer como un territorio de prueba para la tecnología ni como un enigma que solo puede descifrarse desde miradas externas.
4. Huir de la sexualización del cuerpo menstrual y su vínculo con la disponibilidad sexual: La menarquía no puede presentarse como un marcador de madurez sexual, ni como un rito de entrada al deseo o a la seducción para la mirada ajena.
5. No usar el espacio institucional como lugar de reclusión o control: La narrativa no debe convertir los espacios de aprendizaje en lugares donde el cuerpo menstruante quede retenido o etiquetado desde una patología.
6. Validar la intuición y los sentidos como fuentes legítimas de verdad: Hay que evitar que la percepción corporal de la persona menstruante sea tratada como histeria o confusión mental.
7. Alejarse de la sustitución de la voz por la obscenidad: La madurez sexual y el cambio de discurso en la adolescencia no deben codificarse como corrupción o indecencia.
8. Erradicar la violencia intragénero como herramienta de control del tabú: La narración no debería utilizar a las mujeres como “policía de la biología” de otras personas ni perpetuar el estigma a través de la crueldad.
9. Representar el sangrado de manera realista y proporcional: La sangre menstrual no debe aparecer exagerada o funcionar solo como impacto visual u horror.
10. Desdramatizar la presencia de la sangre en espacios públicos: El sangrado debe poder aparecer en contextos sociales sin convertirse en escándalo o ridículo.
11. Hacer visibles las tareas cotidianas de gestión menstrual: La ficción debe incluir prácticas normales, como cambiar un producto menstrual o medicarse para el dolor.
12. Incorporar espacios narrativos de sororidad y apoyo mutuo: Las relaciones entre personajes deben ofrecer modelos positivos de conversación abierta sobre la menstruación.
13. Normalizar las distintas etapas y vivencias del ciclo menstrual: La ficción debe mostrar que no todas las personas viven la menstruación del mismo modo.
14. Evitar que la menarquía sea el único momento importante: No debería centrarse el relato solo en la primera regla como clímax dramático o trauma.
Sangrar en pantalla ya no es solo un acto de terror, pero tampoco es todavía una representación completamente liberada de prejuicios culturales y sociales. La regla ha empezado a ocupar espacios de visibilidad, pero sigue condicionada por imaginarios heredados. Lo importante no es solo cómo se presenta la sangre, sino quién tiene el poder de narrarla y con qué consecuencia.
Al final, representar la menstruación es también definir el lugar del cuerpo menstruante dentro de la cultura. Y ese relato todavía está en disputa.
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Bibliografía
- Sánchez S., Jennifer D., Poveda R., Moll S. Stigma and silence: the menstrual taboo in Spain. Int J Equity Health [Internet]. 2025 [consultado 24 Jun 2026]; 24(278):1-15. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s12939-025-02630-z
- Beard, M. Mujeres y Poder. Un manifiesto. 1ª ed. Barcelona: Crítica; 2018.
- Rosewarne, L. Periods in Pop Culture. Menstruation in Film and Television. 1ª ed. Lanham: Lexington Books; 2012.
- Del Castillo, I. Mujeres furiosas. La mujer en el audiovisual de terror. 1ª ed. Bilbao: Universidad del País Vasco; 2024
