LOS DISFEMISMOS MENSTRUALES ESTÁN LIMITÁNDONOS. ¿Y SI DEJAMOS DE USARLOS?

El lenguaje es la forma más elemental y primaria con la que nos acercamos a las cosas que nos pasan, y así las dotamos de significado. Nos limitamos, pero también podemos expandirnos, levantar los pies del suelo pegajoso, y elevarnos sobre el techo de cristal.

La menstruación se carga de negatividad y estigma a través de las palabras que se usan para referirse a ella. A través del campo semántico que distintas sociedades han ido edificando para señalarla, se condiciona la relación social y personal de los cuerpos menstruales con SU ciclo menstrual. La semana del Ketchup, la peste roja o la maldición (the curse) en Reino Unido son algunos ejemplos de cómo a través de las palabras se ha ensuciado la relación con la menstruación.

Las palabras van a condicionar la forma que los cuerpos menstruales tenemos de relacionarnos con nuestra menstruación. Paradógicamente han sido los cuerpos que no menstrúan los que han escrito la historia de cómo entender y asumir, a través de las palabras, este hecho biológico que parece tener mucho más de político. Recibimos este símbolo fisiológico inequívoco de salud, con palabras peyorativas y ajenas que estigmatizan nuestra relación con nosotras mismas.

Nos referimos a la menstruación como un castigo: bandera roja o como algo ajeno a nosotrxs. Mi prima, la vecina.

Eufemismo

  1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante

Disfemismo

  1. m. Modo de decir que consiste en nombrar una realidad con una expresión peyorativa o con intención de rebajarla de categoría, en oposición a eufemismo.

Algo no encaja. ¿Si el lenguaje habitualmente trata de embellecer aquello que resulta malsonante (como podría ser la menstruación en sociedades patriarcales), por qué con este fenómeno se ha hecho lo contrario? ¿Por qué rebajamos de categoría la menstruación?

Desde Cromosomos X os invitamos, nos atrevemos a pediros incluso que os suméis a construir, a través del lenguaje, una relación más amable y positiva con la menstruación, que desarméis la cultura de la vergüenza y de la culpa para reconcilaros con vuestro ciclo.

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